Productos responsables

Productos responsables

LA VENTAJA COMPETITIVA VITAL

En los últimos años se ha observado una tendencia repetida de los consumidores que pone de manifiesto un cambio de preferencias a la hora de adquirir bienes y servicios.

Según la Organización de Consumidores (OCU), el 73% de los españoles hacen sus compras teniendo en cuenta los aspectos ecológicos y éticos de los productos.

Según el estudio que realizó IBM, centrado en analizar las tendencias de consumo globales, la importancia que tienen los valores asociados a una marca supera factores como el precio o la conveniencia, es decir, los consumidores prefieren pagar más por productos que se encuentran en armonía con ciertos valores.

La crisis en la que actualmente estamos sumergidos, crisis del coronavirus, ha aumentado la sensibilidad ecológica de los consumidores. Tras cuatro meses de confinamiento, cierre de locales y parón de las actividades productivas, los clientes son ahora más conscientes de la necesidad de conservar los recursos naturales y de mejorar la calidad de aire, y por ello se inclinan por la compra de artículos que cumplan con estos estándares, según una encuesta realizada por Capgemini. El 67% de los consumidores afirma que es ahora más consciente de la escasez de los recursos naturales debido a la crisis del coronavirus.  

Es una realidad que los consumidores de todo el planeta están cambiando sus preferencias de compra hacia modelos más comprometidos con el medio ambiente, pero todavía existe un 64% de empresas que no cree o no ve que el impacto social o medioambiental de sus acciones afecta a las decisiones de compra de sus clientes. Como en muchos otros aspectos la crisis del Covid-19 no ha hecho más que aumentar la velocidad de concienciación de los consumidores.

Podemos definir como “responsables” a aquellos productos que en sus procesos de diseño, fabricación y distribución han cumplido con ciertos estándares sociales. Y podemos definir como productos “medioambientalmente responsables” a aquellos que utilizan patrones respetuosos con la sostenibilidad y el medio ambiente. Por ejemplo, un producto medioambientalmente responsable sería aquel que ha sido fabricado utilizando energías renovables y que ha sido distribuido con vehículos cero emisiones. La capacidad de tener una vida útil prolongada o la capacidad de ser reciclados, son ejemplos de otros factores que posicionan a los productos en la dirección de ser medioambientalmente responsables.

Aquellas empresas que sean capaces de adaptarse rápido a la nueva tendencia desarrollarán en el corto plazo una ventaja competitiva que les hará sobrevivir en el largo plazo. Aquellas que no se adapten morirán.

Las empresas tienen en su mano adoptar el nuevo modelo y no todas ellas  no son conscientes de lo sencillo que es. Actuaciones como utilizar las cubiertas y otros espacios ociosos para generar energía renovable, o implementar proyectos integrales de eficiencia energética para renovar equipamiento energéticamente ineficiente, o el despliegue de flotas de vehículos eléctricos, computan de forma determinante para reclamar la sostenibilidad que lleva a adquirir la deseada ventaja competitiva.

También son muchas las corporaciones que optan por los PPA como alternativa complementaria a lo anterior. Los PPA renovables son acuerdos a largo plazo para la compra de energía directamente a un productor renovable, normalmente a un precio fijo ventajoso con respecto al mercado. Son una manera rápida y efectiva de alcanzar los objetivos de sostenibilidad a la vez que se obtiene la certidumbre a largo plazo que permite planificar con seguridad.

 Los beneficios que se obtienen de las actuaciones expuestas anteriormente tienen un impacto significativo para la empresa en términos económicos, bien sea en forma de retorno a la inversión o de ahorros energéticos. Pero es el hecho de contar con “productos responsables” lo que lleva a adquirir una ventaja competitiva que puede asegurar la viabilidad de la empresa a largo plazo. Es por tanto vital que las empresas actúen decididamente y con una visión a largo plazo. Y es una obligación de los gobiernos apoyar con estímulos fiscales a las empresas que emprendan el camino de la transición energética.